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Antonio Peralta Gámez.- El pasado viernes 13 de abril, la Iglesia Mayor de la Encarnación de Motril rebosaba de público para asistir a un acto religioso: casi un centenar de jóvenes motrileños iba a recibir de manos del Arciprestre de Motril don Juan Bautista Amat, el sacramento de la confirmación. La ceremonia se inició con el ya tradicional canto del salmo 121 “Qué alegría cuando me dijeron”, compuesto por el musicólogo zamorano Miguel Manzano que aún sigue gozando de estrechas relaciones con algunos motrileños antiguos componentes de la desaparecida Coral “Ciudad de Motril”. Las piadosas mujeres que entonaron la canción a capella hicieron lo que pudieron por solemnizar la hermosa ceremonia que íbamos a iniciar.

Mi mente voló, no lo pude remediar,  a lo sucedido en los primeros días de la nefasta, triste y desgraciada  Guerra Civil en los que el maravilloso órgano barroco de nuestra hermosa Iglesia Mayor fue destruido junto con el retablo mayor, altares, púlpito, coro, facistol y demás objetos religiosos Era aquel un hermoso instrumento barroco  construido el año 1763 que sustituyó a uno más primitivo que existía en la iglesia desde el año 1640. El sonido y la belleza de aquel nuevo órgano ha permanecido en  la memoria de muchos motrileños desaparecidos recientemente, que testimoniaron con nostalgia su hermoso sonido y la belleza de su construcción, su magnífica trompetería cuyas vibraciones llegaban a hacer sonar unos cascabeles que pendían de dos ángeles colgados en su parte alta. Solo nos queda la tribuna donde estuvo colocado, hacia la cual inevitablemente dirijo mi mirada cada vez que entro en el templo motrileño.

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¿Seguirían ahora cobrando los campaneros “Joseíco el Ciego” y Antonio Martín las 12 pesetas que en 1893 les pagaba el Ayuntamiento por el toque de campañas e insuflar aire en los muelles del órgano?.

Seguramente el daño cultural que supuso aquella aberrante destrucción sistemática de los valiosos órganos de las iglesias de la mayoría de los pueblos de nuestra provincia aún no ha sido suficientemente valorado. Los órganos de las iglesias, monasterios y catedrales han constituido un eficaz medio para el nacimiento y desarrollo de vocaciones de jóvenes músicos que no solo han colaborado con el engrandecimiento y dignificación de los actos litúrgicos sino que ha estimulado su potencial creativo logrando composiciones musicales que en muchos casos han transcendido a la historia: Juan Sebastián Bach, Buxtehude, Haendel, Liszt, César Franck, Saint-Saëns y tantos otros lo testimonian con sus obras.

Nuestra Iglesia Mayor, Colegiata que llegó a ser erigida por el Cardenal Belluga, ha recuperado su antiguo esplendor, las Cofradías de Semana Santa disfrutan de su amplitud para lucir sus tronos, en ella muchísimos motrileños reciben el bautismo, la confirmación, celebran su boda y también les da su último adiós. ¿Por qué se mantiene en el olvido la reposición de su antiguo órgano?

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