OPINIÓN

Conchi González Cuéllar.- Ya no me atrevo a llamarlos así. Ni hierbajos, ni malas hierbas. Después de algunas horas de pasear por el campo con Augusto y Ana, donde antes no veía nada útil ahora veo excelentes ingredientes para condimentar los platos, con infinidad de nutrientes, y veo también remedios increíbles para todo tipo de males. El diente de león, el cardo mariano, la borraja, la alfalfa, las ortigas, el llantén, la melisa,… y más y más y más, sin fin, porque por donde quiera que una camine con esta pareja de Sanabria encontrará algo que llevarse al estómago o la receta perfecta para su mal. “Antes teníamos huerta”, dice Augusto, “pero ahora nos vamos al monte y enseguida encontramos todo lo que necesitamos para un buen puchero”.

Pero claro, ellos saben lo que recogen y cuándo recogerlo para que esté en su punto. No en vano llevan cuarenta años de sus vidas estudiando las plantas. Son expertos botánicos empíricos. Dicen que aún no las conocen todas; es lógico, porque son muchísimas, pero con todo lo que saben y con lo que me han transmitido en estas últimas semanas, ya una va teniendo una buena base para caminar por el campo con otra actitud. Ahora reconozco muchas de las que antes consideraba malas hierbas, o broza, como plantas amigas.

Sin ir más lejos, en el patio de la casa donde habito en esta etapa de mi vida, crecen varias hierbas que siempre habíamos considerado invasoras, y a las cuales había que erradicar para evitar que el césped se contaminara con ellas. Ahora esas hierbas se han convertido en mis aliadas. Hojas de llantén, malva, caléndula, hiedra, bolsa de pastor, melisa, alfalfa, menta, diente de león y cardo borriquero, son las que he identificado hasta hoy en un espacio de no más de sesenta metros cuadrados.

Ahora sé, por ejemplo, que las hojas de llantén tienen unas propiedades excelentes como cicatrizantes, laxantes, antibiótico, etc, y la práctica lo ha demostrado. Hace solo unos días mi madre andaba preocupada por un dolor en la lengua que se prolongaba desde hacía semanas. Fue al médico, y el remedio que le dieron fue el clásico paracetamol. Volvió disgustada, porque bastantes medicinas toma ya como para pensar en añadir otra más. Le sugerí probar con las hojas de llantén, y aunque ella es bastante escéptica con todo lo alternativo, decidió probar porque recordó que su madre se las daba de niña para las irritaciones de la boca. ¡Cuál no sería su sorpresa cuando en solo dos días el malestar de tres semanas había desaparecido por completo!

También he aprendido que la alfalfa y la ortiga son el mejor remedio contra la anemia –que afecta a algunos miembros de la familia-; que el diente de león y el cardo mariano que tantas veces hemos comprado en el herbolario para sanear el hígado, crecen casi en cada esquina; que la melisa levanta el ánimo; que la caléndula tiene propiedades similares a las hojas de llantén, y otras añadidas, y que ambas se potencian al usarlas juntas… y tantas cosas más que no se pueden resumir en pocas líneas.

Siempre me interesó el tema de la herboristería y de la fitoterapia, pero solo era capaz de tomar hierbas de herbolario, y pocas. Mi mundo se ha expandido ahora de manera considerable, y espero seguir expandiéndolo con la ayuda de esta pareja tan especial, que aceptan a todo el que tenga interés en escuchar lo que ellos han aprendido en todos estos años de estudio sobre el terreno y de cotejarlo con los mejores manuales. Ellos también han empezado ya a publicar sus libros –para suerte de todos lo que les conocemos-, y seguramente se están convirtiendo en libros de consulta fundamentales para cualquiera que esté interesado en estos temas.

Y no, no es lo mismo consultarlo en estos libros que buscarlo en internet. ¡Cuidado con internet! Como ya decíamos en un artículo publicado hace unos días, la desinformación en la red está a la orden del día –todos lo sabemos-, y con el tema de las plantas ocurre exactamente igual. También hay información válida en la red, claro que sí, pero no es fácil diferenciarla de la mal-información. Así las cosas, siempre es mejor acudir a fuentes seguras.

Porque con la plantas también hay que tener cuidado, ya que no todas son tan amables. Hay plantas venenosas, algunas letales, muy próximas a nuestras casas: la cicuta, el matalobos, el nabo del diablo, el estramonio, y muchas más. Todas ellas crecen muy cerca de nosotros y un descuido o una confusión nos pueden poner al otro lado en cuestión de poco tiempo.

Por todo ello es muy importante conocer las plantas que nos rodean, unas porque nos curan y otras porque nos matan. Y no es solo conocer por conocer, es que en la medida en que conocemos la naturaleza, tenemos más cercanía con ella y esa cercanía nos lleva a quererla y a respetarla un poco más, porque a fin de cuentas, sin ella nuestra vida no sería posible en este planeta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here