“Salud alternativa”

Conchi González Cuéllar.- Aún no entiendo por qué algunas personas y medios de comunicación se empeñan en desacreditar la homeopatía y otras formas de sanación natural con tanto ahínco. Al final puede que sea cierto ese rumor que circula por ahí de que las autoridades sanitarias de nuestro país invirtieron unos cuantos cientos de miles de euros en hacer una campaña de desprestigio de cualquier forma de curación que no fuera la medicina oficial. Yo no he podido corroborar este dato, pero sí he sido testigo de varias entrevistas e incluso de un episodio en una serie de televisión de gran audiencia donde se desacreditaba a la homeopatía y a la naturopatía con extraordinario ensañamiento.

Y claro, ante semejante intento de linchamiento público una no puede dejar de preguntarse qué intereses se moverán al otro lado.

Mientras en países como Francia, Bélgica o Brasil la homeopatía es reconocida como una forma de curación fiable, comprobada y científicamente contrastada, España intentó hace unos meses que Europa revisara la normativa sobre medicamentos para dejar a esta práctica curativa fuera de juego. De nuevo me pregunto qué hilos mueven estas iniciativas y qué intereses habrá detrás. En el plano personal solo puedo alabar la medicina alternativa. La homeopatía en concreto me salvó la vida hace unos años. Mientras un reconocido otorrino del momento proponía como única solución a las interminables infecciones de garganta con fiebres altas que se sucedían una tras otra extirparme las anginas, un homeópata consagrado me ofreció conservarlas y encontrar el origen de las repetidas recaídas. Y buscando buscando lo encontró. El problema era mucho más grave de lo que el otorrino hubiera imaginado, y mediante la homeopatía fui sometida a una limpieza a fondo para eliminar toda la toxicidad que albergaba mi cuerpo como consecuencia de un exceso de antibióticos administrados para curar otro mal y que tenían a mi organismo a punto de colapsar. En unos pocos meses de tratamiento homeopático, el problema que arrastraba por años se acabó para siempre. Eso sí, no fue fácil. Durante el tiempo que duró, la suciedad salía por todos los agujeros de mi cuerpo, pero mereció la pena. Desde entonces nunca más he vuelto a tener una infección de anginas. A este hombre y a la homeopatía solo puedo mostrar agradecimiento, por haberme curado y porque aún puedo conservar intactas las anginas.

Después de esto he vivido muy de cerca muchos casos más en los que la medicina alternativa superaba a la alopática. He visto cómo un adolescente agresivo e irreverente se transformaba en otro amable y amoroso con solo una pastilla homeopática administrada correctamente, después de largas horas de conversación hasta que la experta homeópata encontró el origen de aquel comportamiento. He visto cómo una mujer angustiada porque su vesícula no funcionaba y según los médicos generaba los repetidos ingresos en el hospital por la inflamación del páncreas, pero a la que no se atrevían a operar porque su corazón ya débil no iba a soportar la anestesia, terminaba con su angustia con tres sesiones con el Hermano Manuel, de Cáceres (muy conocido en algunos círculos). Con poco más de media hora de consulta y una serie de medicamentos naturales bien escogidos, la vesícula quedó limpia y el corazón fortalecido, de tal manera que no ha vuelto a necesitar ni un ingreso más en el hospital ni visitar más a su médico por estas causas. No solo ha mejorado considerablemente su salud física, sino también su salud mental y emocional, gracias a la medicina natural.

Otro caso que merece la pena mencionar es el de una mujer de mi entorno operada de un tumor en la garganta tan grande como una pelota de golf y que a pesar de tratarse de una operación muy complicada por la posición y el tamaño del tumor, salió tan bien que el cirujano lo ha tomado como ejemplo en sus congresos médicos. Lo que ese cirujano no sabe es que la paciente fue tratada con medicina alternativa antes y después de la operación. Antes, para preparar su organismo para soportar la delicada cirugía y la anestesia, y después para que los daños físicos y emocionales fueran restaurados. La preparación duró varios meses y el post-operatorio más de un año. Porque la medicina natural es lenta, pero muy efectiva.

Casos como estos sabemos que hay miles que se podrían reportar, porque a menudo, donde la medicina alopática no llega, lo hace la homeopatía y otras formas de salud alternativa. Otros dirán que a ellos no les ha funcionado, y seguro que es así, porque al igual que en todo, aquí hay grandes profesionales y también grandes charlatanes, o terapeutas que simplemente no dan con la tecla, pero esto ocurre también en la medicina convencional. Un médico te salva y otro te mata. En mi caso, solo puedo dar testimonio de que cada vez que he utilizado la medicina alternativa he quedado muy satisfecha, y me alegra comprobar que cada vez son más los médicos que se animan a recetar medicamentos no químicos, de fuera de la farmacia. Un médico pasa muchos años estudiando, y sacar una carrera de medicina no es cualquier cosa. Por eso quiero entender que son profesionales sensatos e inteligentes y que si su verdadero interés es curar a sus pacientes, cualquier método que lo consiga sin provocar otros daños, debe ser bienvenido. Estoy segura de que la combinación de la medicina oficial y la alternativa, como defiende la doctora Barbara Brennan en sus libros “Manos que curan” y “Hágase la luz”, y como ocurrió en el caso de la mujer con el tumor en la garganta que mencionaba antes, aportaría mucho al campo de la salud humana.

Hay muy buenos profesionales de la medicina alternativa. Es una pena que los buenos tengan que pagar por aquellos intrusos que no lo son. Charlatanes hay en todas partes, pero con algunas buenas referencias y un poco de criterio, seguro que podemos encontrar al que mejor puede curar nuestros males, y la salud es sin duda lo más importante que tenemos.

Es una lástima que nuestra seguridad social no cubra otras formas de curación de sus pacientes,  porque a la larga terminarían ahorrando dinero al sistema y además se evitarían uno cuantos disgustos.

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